lunes, 28 de marzo de 2016

Hay que voltear la mirada hacia Juárez y ser provocadores: Paco Ignacio Taibo II

“Ponemos el centro en Benito Juárez en Semana Santa, básicamente porque somos unos provocadores”, dice el escritor, uno de los más leídos y queridos de México. Juárez porque es pasado vivo más allá de la estatua de bronce y porque tiene impacto en el presente, como ejemplo de sobriedad y republicanismo en el Gobierno.


Ciudad de México, 25 de marzo (SinEmbargo).– Con jornadas de debate dedicadas a Benito Juárez, inicia hoy el tianguis de libros sobre Reforma, organizadas por la Brigada para Leer en Libertad y con el trabajo “como voluntario” del escritor Paco Ignacio Taibo.

En entrevista con SinEmbargo, Paco Ignacio Taibo reivindica la figura austera y hoy totémica de Benito Juárez (1806-1872), acaso el prócer más querido de México y de quien escribe un libro para revisar su vida y obra totales.

–¿Benito Juárez fue el primer Presidente indio de América?

–No tengo ni idea. Era zapoteca. Su indigenismo en una sociedad brutalmente racista como la del XIX mexicano lo hace un personaje muy singular. Siempre estuvo sometido a una crítica racista, la prensa lo sacudía por su condición de raza y el hombre se coloca por encima del debate de una manera realmente sobria y elegante. Es el prototipo del hombre que se hizo a sí mismo en condiciones muy difíciles; cuidador de ovejas, sirviente, huérfano, sin acceso al estudio…Una serie de accidentes en su vida le permite ir encontrando el hueco de la educación. Una parte de los estudios se los paga haciendo trabajo para otros compañeros.

–Quiere decir que fue la tenacidad lo que lo sacó adelante

–Sí, Juárez es la tenacidad. La línea recta. Es curioso, en este país se acostumbra a que el poder se concrete mediante negociaciones y Juárez es la línea recta. Ahora estoy trabajando mucho sobre él. Cuando era Gobernador de Oaxaca los pobladores lo veían pasar todos los días a las 7.40 horas, cruzaba la plaza elegantemente vestido, porque parte de su decoro lo hacía ver muchas veces como un empresario de pompas fúnebres, cruza sin escolta. Se trata de un personaje complicado, porque cada vez que nos acercamos a él para estudiarlo, debemos luchar contra la maniobra sórdida que es la de convertirlo en estatua, despojándolo de contenido.

–¿Qué son estas jornadas sobre Juárez en el Tianguis de Reforma?

–El Tianguis tiene la lógica que descubrimos dos o tres años y es que las ferias del libro en Semana Santa funcionan muy bien, porque los pobladores de provincia que vienen de turismo a la ciudad y que no tienen buenas librerías en sus zonas, pueden encontrar aquí muchas cosas interesantes a buen precio. Los libros están muy baratos. Bajamos los precios a como dé lugar.

–El libro que estás preparando sobre Juárez, ¿Es tu primer acercamiento a él?

–No, ya lo traté en la novela La lejanía del tesoro y ahora lo que estoy haciendo es contar toda la etapa, desde la caída de Santa Anna, hasta el fusilamiento de Maximiliano, todo lo que fue el juarizmo en resistencia armada.

Paco prepara un gran libro sobre Benito Juárez. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

–¿Fue el mejor Presidente que tuvo el país?

–Puesto a comparar, no lo sé. Lo que sé es que contra la imagen formal y fría de bronce con que se ha empobrecido al personaje, Benito Juárez representa un montón de cosas, representa la sobriedad republicana, la resistencia a ultranza contra el imperialismo, la libertad de prensa, la terquedad, la austeridad para gobernar. He estado recorriendo lugares y viendo cosas, frecuentemente duerme en un catre, en Chihuahua lo cacharon lavando los platos y la sirvienta estuvo a punto de correrlo de la cocina. Viaja en un carruaje que afortunadamente conservamos, comandado por un cochero que le es más fiel que la muerte, al borde del peligro constante, por la persecución de los franceses y los traidores. No es un hombre de armas y sin embargo es el hombre de la resistencia armada. Su imagen formal es tan poco interesante y acabo de descubrir que era un gran bailarín, algo tan alejado de la piedra y bronce a que lo condenaron.

–Es el prócer más metido en el sentir popular

–A nivel presidencial, él y Cárdenas son los más queridos. En el nivel popular, las presencias de Hidalgo, Morelos, Villa y Zapata tienen mucha más fuerza. Te sorprendería la cantidad de basura antijuarizta que pulula en la red.

–¿A qué se debe?

–Al conservadurismo a ultranza, católico e integrista que odia a Juárez y le atribuye todo tipo de maldades. La otra causa es el racismo. Insultar a Juárez después de tantos años parece una especie de delirio, pero así es.

–¿Cómo esta línea recta no pudo evitar la corrupción que vino después en la política mexicana?

–Es terrible. El juarizmo deviene en porfirismo y el porfirismo abandona todas las esencias del juarizmo y vuelve al oropel; los generales se repletan de medallas, la oligarquía pasea con escolta, la corrupción invade el sistema. La sociedad republicana se desvanece y desaparece de la historia contemporánea de México. Quizá por eso resulta todavía mucho más interesante volver la mirada hacia Benito Juárez, por contrapunto.

Juárez porque es pasado vivo más allá de la estatua de bronce y porque tiene impacto en el presente, como ejemplo de sobriedad y republicanismo en el Gobierno. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

­–Además es la muestra de que la corrupción no es un signo de identidad mexicana

–Exactamente. La corrupción no es un destino, es una enfermedad. Creo que de alguna manera el libro sobre Juárez que estoy escribiendo va a tener dos lecturas, una informativa sobre el pasado y otra crítico-comparativa respecto al presente. Lo pusimos como centro de la convocatoria porque somos básicamente unos provocadores. El Viernes Santo: Juárez. Curiosamente era católico.

–Aunque no se llevaba nada bien con la Iglesia

–Bueno, el gran conflicto con Benito Juárez fueron sus reformas contra el poder del clero mexicano. Las reformas vistas hoy son inocentes, enterrar a una persona así sea ateo o musulmán, el problema de las casas habitación que estaba en manos del clero, el cobro desmedido, los conventos de clausura adonde mandaban a las hijas ilegítimas para que pasaran toda su vida enclaustradas, la ausencia de registro civil, la desamortización de las propiedades agrarias del clero. Antes de Juárez el clero ejercía casi todo el poder terrenal, no religioso.



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