martes, 18 de octubre de 2016

Giovanni Porzio reúne en Un dólar al día ocho historias ligadas por la pobreza

*El periodista presentó su libro en el Zócalo por conducto de la Brigada para Leer en Libertad
 *Relata pasajes de su vida de enviado especial en zonas de conflicto
 *Afirma que la empatía, la preparación y el conocimiento pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte



En una nota autobiográfica, el periodista italiano Giovanni Porzio dice que llegó a corresponsal de guerra porque era el más joven en la redacción del semanario Panorama y porque nunca se había negado a cubrir las encomiendas más arriesgadas. Ya para entonces, sin embargo, había comenzado a formarse en su doble oficio de fotógrafo de prensa y cronista.

La pasión por los viajes lo había llevado a muchos lugares del mundo desde su primera juventud. En aventones y armado de una Leica que le había regalado su padre. En esos años consiguió ingresar como asistente al estudio de Carlo Orsi, que entonces era el número uno entre los fotógrafos de moda, un maestro de la luz al que nunca vi usar un flash y que coleccionaba portadas en Vogue, Elle, Vanity Fair y Cosmopolitan.

Al tiempo que incursionaba en ese mundo, Giovanni estudió ciencias políticas y después se fue a Argelia con un objetivo: aprender árabe. Siguió escribiendo, y al volver a Italia se incorporó a Panorama. Desde entonces su vida de enviado a zonas peligrosas no se detuvo.

Gracias al ojo de Paco Ignacio Taibo II y al dedicado trabajo de la Brigada para Leer en Libertad –siempre en busca de nuevos escritores para sus lectores– Giovanni estuvo en México en estos días para presentar uno de sus libros. La obra fue traducida por la brigada y regalada a los asistentes a la Feria Internacional del Libro Zócalo 2016. Al momento de la entrevista, Giovanni aún no conocía la edición en nuestro idioma, de modo que llegó con su libro bajo el brazo, en la edición original: Un dollaro al giornio.


Sobre la miseria interior


El título de Un dólar al día alude, naturalmente, a la línea de la pobreza fijada por organismos internacionales. El título es un poco engañador, admite Giovanni, aunque ese paraguas le permitió reunir en un volumen ocho historias de personas de distintas partes del mundo a las que une una situación de pobreza.

Viajero incansable, Porzio sabe que hay lugares en el mundo donde se puede vivir con un dólar al día. Pero también que la pobreza va más allá de la falta de dinero.

Hace unos meses, por ejemplo, estuvo en un campo de refugiados en Alemania. La gente ahí está ya aprendiendo el idioma, tiene la expectativa de encontrar una vivienda, un empleo. Pero otra cosa es la miseria interior, de un ser humano que ha perdido todo, las raíces, el lugar donde creció, a veces eso es peor que la falta de un salario.

Los nombres de los capítulos dan una idea clara de la búsqueda periodística de Porzio: Una casa en el cementerio (Gaza), Hambre verde (Etiopía), La leche lo cura todo (Pakistán); Por el dinero y las drogas (Guatemala), Esclavos del sexo y comedores de ratones (India), La montaña de las esmeraldas (Afganistán), En el país de los niños perdidos (Sudán del Sur), La ciudad de los muertos (Juárez, México).

En este libro he intentado explicar la situación de diferentes personas que son afectadas por la pobreza por razones diversas: la migración que produce el cambio climático, las guerras, el narcotráfico, la disputa por el agua.

Giovanni relata algunos pasajes de su vida de enviado especial. Dedica algunas líneas a lo que ha aprendido de grandes fotógrafos a los que ha topado en los caminos de la guerra. Una frase salta: Se aprende a esperar.

–Hay mucho de espera en la labor del periodista.

–Para mí esperar es casi un ejercicio zen, porque no tengo paciencia. Por ejemplo, llevo un año esperando una visa para entrar a Yemen.

–¿Cómo te acercas a la gente?

–Para hacer un buen trabajo periodístico debes tener el tiempo suficiente para acercarte a la gente con suavidad y con empatía. Tienes que vivir los problemas que la gente vive para poderlos contar de una manera fuerte, de un modo que se sienta la participación, lo que no necesariamente significa compartir las ideas de esa gente, pero sí su situación.

Pone por ejemplo su visita a una favela en Ciudad del Cabo. Su guía esperaba que regresara al hotel, pero él decidió vivir una semana en la ciudad perdida, comiendo y durmiendo con ellos. Esa es mi idea de trabajar.

Mucha paciencia para un impaciente. Sobre todo para un impaciente que carga una cámara. Resume Giovanni su método: llegas a una tienda de refugiados y te sientas con la cámara a un costado. Claro, estás viendo la luz, la posibilidad de lograr una foto. Pero solamente cuando la gente comienza a tener empatía contigo, cuando ha visto que está verdaderamente interesado en los problemas que está sufriendo, entonces es que puedes comenzar a tomar fotos. Si no, las fotos no dirán nada. Tendrás una situación, pero no habrás fotografiado sentimientos, la pasión. Ellos no son noticias, son seres humanos, niños, mujeres, viejos.

–¿Existe la objetividad en el periodismo?

–No existe la objetividad absoluta. Los periodistas son resultado de su educación, de su visión del mundo y de la vida.

–La tradición anglosajona machaca con el periodismo objetivo.

–Objetivo para mí significa tratar de comprobar lo que veo. La verificación de las noticias es el primer mandamiento. Y para ello el periodista requiere una preparación adecuada. De preferencia conocer el idioma del lugar donde está trabajando, leer libros de historia, no sólo de crónica actual, saber de las costumbres, todo lo que pueda ayudar a comprender, no sólo las grandes cosas, sino las pequeñas, las expresiones, el modo de actuar de los locales con los extranjeros.
Sencillez, conocimento y empatía

Prepararse, leer, conocer, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Giovanni relata el caso de un experimentado colega italiano que pasó un año y medio secuestrado en Siria. No podía entender cómo había decidido cruzar desde Líbano por una zona dominada por grupos de bandidos probablemente ligados a Al Qaeda. Ahora veo muchos periodistas, sobre todo jóvenes, que llegan a lugares peligrosos, como Siria, sin una preparación adecuada, sin una conciencia a profundidad de la cultura, la religión, la historia del lugar.

Y sin conocimiento, añade, de los mapas y las estrategias militares. Muchos de los periodistas secuestrados o asesinados, no todos, lo son por una falta de comprensión de la situación. Y no sólo hay que leer libros de historia, también literatura, novela, poesía, para tratar de comprender el espíritu de la gente.

Comprender a la gente comienza por no sentirse superior, sea porque uno viene de un país desarrollado o cualquier otra razón. Hay que ponerse, dice Porzio, a la altura de la gente sin ninguna actitud de superioridad. Ser sencillo y buscar empatía para poder hablar incluso con los niños. Tienes que ser un hombre antes que un periodista.


–José Revueltas escribió que lloraba mientras describía a los habitantes de un leprosario, pero que no podía permitirse ese lujo cuando los vio.

–Si te dejas hundir por tus emociones pierdes la lucidez necesaria para estar en un territorio peligroso. Debes tener el cerebro siempre lúcido aunque tus ojos se llenen de lágrimas. Si te dejas conmover y pierdes la atención a lo que pasa a tu lado, puede ser peligroso.

Su alma de reportero le prohíbe viajar sin llevarse algunas historias. Ya ha estado en México pero en este viaje tiene dos destinos, además del Zócalo de la feria de lectores: Tijuana y Acapulco, ya sabemos los mexicanos por cuáles tristes razones.
Arturo Cano 
Periódico La Jornada
Lunes 17 de octubre de 2016, p. 9

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