lunes, 18 de diciembre de 2017

Recoge libro el origen y gestación del movimiento estudiantil de 1968


Periódico La Jornada Lunes 18 de diciembre de 2017, p. a13

En 2018 se cumplen 50 años del movimiento estudiantil en México y se efectuarán las elecciones presidenciales. En ese contexto se pone en circulación el libro Caramba y zamba la cosa, el 68 vuelto a contar, de Francisco Pérez Arce (Tepic, Nayarit, 1948), crónica-testimonio personal de los acontecimientos previos al trágico suceso del 2 de octubre en Tlatelolco.

“No se trata de un análisis ni de una crítica de los hechos, sino más bien de una crónica personal en la que se relata cómo veo y viví el movimiento, además de integrar historias que son testimonio de la resistencia de los jóvenes estudiantes de aquel entonces”, explicó el autor durante la presentación que se llevó a cabo el sábado como parte de las actividades de la Feria del Libro en la Alameda Central, organizada por la Brigada Para Leer en Libertad, la cual concluyó ayer.

El libro habla sobre todo de la rebeldía estudiantil, expresó Pérez Arce. “Lo que suele recordarse del 68 es su final trágico, que hoy sabemos fue un crimen de Estado, cuando el Ejército disparó contra los estudiantes; sin embargo, lo que se recuerda poco es lo que pasó en los meses de julio, agosto y septiembre, antes del 2 de octubre, y cómo es que se desarrolló y organizó el movimiento”.

Desde el origen

El libro se propone abordar esos meses desde una óptica que implica los ánimos de alegría y rebeldía en el desarrollo del movimiento; así como de la constante represión del gobierno mexicano contra el movimiento, explicó el autor.

Se narra el origen del movimiento, la pelea de un grupo de estudiantes en La Ciudadela, la cual fue controlada “no por unos cuantos policías, sino que se enviaron dos camiones de granaderos, lo que desembocó en una absurda y excesiva agresión”.

Igual se hace la crónica de la indignación que provocó ese hecho y de la marcha de protesta, dos días después, el 26 de julio, que coincidió con la manifestación para conmemorar la revolución cubana. “Y de cómo, de nueva cuenta, los estudiantes son golpeados en su intento por llegar al Zócalo, y en el que se ven involucrados estudiantes de las preparatorias aledañas, que iban saliendo de clases y que no iban con la marcha, pero que también fueron agredidos”.

Pérez Arce detalló que en el libro se hace referencia, entre otros hechos, al bazucazo a la Preparatoria 1, a la toma de la misma por el Ejército, a la toma también de la Vocacional 5, a la protesta conocida como la Marcha del Rector y la Marcha del Silencio, a la suma de otras universidades al movimiento, a las demandas de los estudiantes, entre las que destacaba libertad a los presos políticos, “que implicaba no sólo a los estudiantes, sino igual demandaba la libertad de los ferrocarrileros, maestros y médicos, cuyos movimientos también habían sido reprimidos”.

Sobre todo, dijo el escritor, “los estudiantes exigían un dialogo público, con un presidencialismo autoritario y vertical, frente al nivel de agresión sistemática al que llegó el Ejército en unos cuantos días”.

Asimismo, se habla de las brigadas estudiantiles que todos los días salían a repartir volantes y a hacer mítines relámpago y pintas, “era una especie de fiesta cultural”, pero también era una forma de contrarrestar el control de la información, “ya que la radio, televisión y prensa escrita, con honrosas excepciones, estaban controladas, casi en su totalidad por el gobierno”.

Editado por la Brigada Para Leer en Libertad, Caramba y zamba la cosa, el 68 vuelto a contar, fue regalado a los asistentes a la presentación. También se puede
descargar de manera gratuita. 

viernes, 15 de diciembre de 2017

Paco Ignacio Taibo II presenta en la Alameda "Que sean fuego las estrellas"

*El libro aborda el anarcosindicalismo español, “la muestra más acabada del poder obrero”
*Este movimiento se inició tras el despido de ocho trabajadores y derivó en huelga de 150 mil
*Tiene paralelo con la revolución rusa, la alemana y los consejos laborales de Italia, sostiene




El anarcosindicalismo español es el tema del libro Que sean fuego las estrellas. Barcelona (1917-1923), historia sobre sindicalistas y pistoleros, investigación realizada por el escritor Paco Ignacio Taibo II.

Publicada por Editorial Planeta, esta obra de Taibo II recorre los vericuetos y vicisitudes de dicho movimiento sindical, considerado el“más importante e impresionante” de España, conocido como la huelga de La Canadiense, empresa de suministro de luz con capital de Canadá en la que se vieron implicados unos 150 mil trabajadores de distintos sectores de Barcelona, explicó el autor durante la presentación del texto, como parte de las actividades de la Feria del Libro organizada por la Brigada Para Leer en Libertad, instalada en la Alameda Central, a un costado del Palacio de Bellas Artes.
Para Taibo II el anarcosindicalismo español es la muestra más elaborada y acabada del poder obrero de principios del siglo XX, paralelo a la revolución rusa y alemana y a los consejos obreros de Italia.

Pistoleros contra gremios

“Para mí, que estaba haciendo sindicalismo democrático y participé en las luchas de los ferrrocarrileros de (Demetrio) Vallejo, de los trabajadores de la educación del Sterm, en los movimientos de Ecatepec y de las trabajadoras de Irapuato, ese movi- miento español era una lección impresionante, el cual tenía en medio, además, una trama policiaca en la que ante el ascenso vertiginoso del movimiento gremial, se articularon una serie de bandas de pistoleros patronales, que desataron una guerra a tiros en las calles durante cinco años.”

Para dicha investigación, dijo el autor, recurrí a distintas fuentes hemerográficas y bibliográficas, así como a los archivos de Ámsterdam y Valadez de México, entre otras.
Que sean fuego las estrellas,explicó, es una historia“absolutamente proletaria, de obreros del sector servicios, en la que apenas existen cuadros de clase media”.

Los integrantes del movimiento anarcosindicalista, reseñó, “eran trabajadores que tenían una capacidad de migración laboral impresionante, como pintores de brocha gorda, vidrieros, mecánicos, electricistas, que si los despedían de una fábrica entraban a otra, pero dejando la organización sindical en la que estaban”. Entre los sectores más combativos, añadió, estaban los trabajadores de la madera, desde las fábricas de pianos y muebles, hasta los carpinteros que hacían infraestructura en las metalúrgicas.

“El movimiento en Barcelona creció de una manera muy extraña. En Madrid, en Asturias y en el País Vasco, habían sido los socialistas los que habían crecido, pero en Cataluña las influencias de las ideas anarcosindicalistas pegaron duro en la clase obrera.

“El anarquismo catalán de aquellos años era un anarquismo de ideas, no de organización. Hacían decenas de periodiquitos, tenían clubs culturales, bibliotecas, hacían continuamente conferencias y debates. Eran feministas. Estaban en favor de la ciencia. Gustaban de pésimos poemas bucólicos. Promovían el sánscrito. Eran innovadores y vanguardia en muchas cosas”, por ejemplo, explicó Taibo II, “para aquel entones se organizó a más de 5 mil sirvientas, llegando incluso a estar en huelga unas 15 mil, entre cuyas demandas estaban una jornada de 8 horas, descanso dominical, respeto y no tenerlas encerradas. Lo extraordinario es que ganaron la huelga”.

En el libro Paco Ignacio Taibo II da cuenta de las bandas de pistoleros patronales y del inicio que desembocaría en una huelga general: el despido de ocho trabajadores, con cuya lucha por su reinstalación de manera paulatina se fueron solidarizando diversos sindicatos hasta llegar a involucrar a unos 150 mil trabajadores en el movimiento.

Carlos Paul
Periódico La Jornada
Lunes 11 de diciembre de 2017, p. 6




“En México hoy no tenemos ni verdad ni justicia”: Hernández Navarro

Ciudad de México. “En México hoy no tenemos ni verdad ni justicia”, expresó el periodista Luis Hernández Navarro a título personal durante la mesa de reflexión Nos están matando, que se realizó el domingo como parte de las actividades de la Feria del Libro organizada por la Brigada Para Leer en Libertad.


Hernández recordó que ya han pasado 263 días y 210 días de los asesinatos de los reporteros Miroslava Breach y Javier Valdez, corresponsales de La Jornada en Chihuahua y Sinaloa, respectivamente; y que “aún no se tiene una investigación seria la cual explique lo sucedido, que señale quienes son los culpables y que se traduzcan en actos de justicia”. En el caso de ambos, dijo, “no tenemos ni verdad ni justicia, lo que campea es el reino de la impunidad”.
Desafortunadamente sus casos no son excepciones, explicó. “Son parte de un patrón que se ha venido estableciendo en el país desde el año 2000”.

De acuerdo con el coordinador de la sección de Opinión de La Jornada, “hay tres elementos comunes en los asesinatos de los periodistas. Primero. En lugar de disminuir se han ido incrementando con el paso de los años. El segundo “es que la inmensa mayoría de esos crímenes no son esclarecidos. Sólo alrededor del 5 por ciento han sido más o menos investigados”.
En tercer lugar, continuo Hernández Navarro, “más de la mitad de esos crímenes han sido cometidos por policías, soldados o por elementos de la fuerza pública, es decir, la mitad de esos crímenes son responsabilidad de agentes del estado y no de criminales como de manera general se tiende hacer creer”.

Hernández se refirió a las circunstancias en las que fueron asesinados Miroslava Breach y Javier Valez, así como al profesionalismo de ambos y a sus trabajos periodísticos, como una forma de que no se trata sólo de un número más, sino de que son personas de carne y hueso, “con las que tenemos un compromiso de no olvidarlos”.

Todas las muertes de periodistas son terribles, destacó, pero en estos dos casos lo trágico es que ninguno de los dos “comía lumbre”, es decir, “no buscaban publicar cualquier cosa con afán amarillista o sensacionalista. Eran periodistas responsables. Sabían dónde estaba la frontera entre lo que se podía decir y lo que no se podía decir. La cuestión es que los mataron. Eso quiere decir que esa frontera se removió. Los mataron porque este país es cada vez más un narcoestado. El 10 por ciento del Producto Interno Bruto viene de actividades del crimen organizado. Alrededor de 65 mil millones de dólares, cada año, entran a los circuitos de la economía formal del país, provenientes del narco, que sirven para comprar jueces, notarios, centros comerciales. Dinero que forma parte de la economía y política formal del país”, apuntó Luis Hernández Navarro.

“Breach y Valdez decían que hoy se ha establecido una estrecha relación entre empresarios, políticos y narcotraficantes. Y los periodistas que lo siguen documentando están hoy en riesgo”, añadió.
Tal situación, concluyó, abarca no sólo a los periodistas y la libertad de expresión, sino también a los activistas de distintos estados del país que luchan en defensa de los derechos humanos, los cuales igual son perseguidos y asesinados.

En la mesa de reflexión Nos están matando también participaron la periodista Romina Gándara, de Chihuahua y el fotógrafo Alejandro Meléndez, de la red de Foto Reporteros MX, quienes también deploraron la situación de la que son víctima los reporteros.

Gándara se refirió, entre otras cuestiones, a “la relación de los dueños de algún medio de información con el poder político, a través de los convenios de publicidad y sobre el peligro y consecuencias que ello acarrea”, así como al “sentimiento de vulnerabilidad y los riesgos” en la que viven los reporteros debido a la corrupción y la impunidad.


Meléndez recordó el caso del fotógrafo asesinado Rubén Espinosa y destacó la importancia de la red de Foto Reporteros MX, “como una forma independiente de protegerse y apoyar a los compañeros de los estados que lo requiera”.

Bajar los precios de libros, clave para fomentar la lectura: Taibo II

Es una feria popular, de debate político, social y literario intenso, sin alfombra roja, dice el escritor y promotor cultural



La solución al bajo índice de lectura en México es bajar el precio de los libros, ejemplo de ello es el trabajo que realiza la Brigada para Leer en Libertad, en cuya feria se ofertan ejemplares a bajo costo.
En esta ocasión, la Feria del Libro que organiza el escritor y promotor cultural Paco Ignacio Taibo II al lado de Paloma Sáiz y Marina Taibo desde hace ocho años, se realiza en la Alameda Central del 8 al 17 de diciembre.

De acuerdo con Taibo II, el encuentro permite que los lectores hallen los libros a precios muy accesibles porque las editoriales tienen las bodegas llenas de ejemplares que no han podido colocar debido a los brutales precios en que se venden. De ahí que se reúnan aquí títulos de distintos sellos con precios desde 10 pesos.

En esta ocasión, el programa tiene diferentes atractivos, según explicó Taibo II, Paloma Sáiz y Marina Taibo. Además de las presentaciones de libros, conferencias y conciertos que dan comienzo a la jornada, una actividad central es el debate (los días 9 y 10 de diciembre) con el tema Informar contrainformar, para el cual se invitó a los directores de distintos portales de Internet o medios digitales para discutir sobre el trabajo periodístico rumbo a las elecciones presidenciales de 2018.
La idea es debatir sobre la guerra que se va a producir en términos de información/desinformación/contrainformación, comentó Taibo II.

La esperanza es que durante esos dos días surja una especie de línea común de mecanismos para combatir lo que va a ser la guerra de la desinformación, la calumnia, el abuso y la trampa que se va a librar en redes sociales.

Las elecciones presidenciales de 2018, añadió, van a pasar por la participación de los jóvenes, que llegan por primera vez a votar por un presidente, y en la obsesión de los manipuladores y fraudulentos, están cómo demonios van a controlar ese voto, nulificarlo o conducirlo a la abstención.
Asimismo, en la Feria del Libro se realizará la mesa redonda: La historia a debate, en la que se buscará hacer una reflexión histórica sobre Benito Juárez.

Se regalará un libro todos los días, en ocasiones hasta dos. Se regalará once títulos en los 10 días que dura la feria, a partir de las 18 horas, desde novelas de ciencia ficción y policiacas, hasta libros sobre sociología y otros temas, dijo Taibo II.

Se llevará a cabo una mesa redonda en la que se hablará sobre la impunidad en México, otra sobre los feminicidios y una conferencia acerca de la nueva Ley de Seguridad Interna.

Mentadas, moneros y Meade, será el título de la charla en la que participarán los dibujantes de La Jornada, Hernández y Helguera. Otra charla será A 8 años de la tragedia de la Guarderia ABC, con Diego Osorno. Fabricio Mejía Madrid comentará tres de sus libros en una charla que lleva el título La trilogía del mal. En tanto, Luis Hernández Navarro, Blanche Petrich, Alejandro Meléndrez y Romina Gándara participarán en la mesa redonda Nos están matando, sobre el secuestro y asesinato de periodistas. Asimismo, habrá otra charla sobre Zombies y bots, con Alberto Chimal, Raquel Castro y Jenaro Villamil, así como una tertulia que también abordará el tema de las elecciones presidenciales de 2018.

La Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara y la que se lleva a cabo en la Alameda Central son dos mundos diferentes, explicó el escritor. Ésta es una feria popular, de debate político, social y literario intenso, sin alfombra roja, los escritores caminan y hablan con sus lectores. La de Guadalajara se ha convertido en una feria de vanidades y de escritores que no venden, pero que tienen contactos, y lo más grave en que los precios son altos.

Según Taibo II, una de las claves de este encuentro es traer lo mejor que hubo en Guadalajara. Por razones comerciales, algunos libros suelen presentarse allá y se queda vacía la Ciudad de México, entonces por conducto de la Brigada Para Leer en Libertad queremos traer lo mejor de la FIL a esta feria.

De acuerdo con Paloma Sáiz, calculamos más de 400 sellos editoriales que se ofrecen en unos 100 módulos.

La Feria del Libro de la Brigada Para Leer en Libertad, concluyó Sáiz, es una buena oportunidad para escuchar lo que no oirán en otro lado, así como para adquirir libros a bajo precio para regalar en Navidad.

Puede consultar días y horarios de la programación en la página: www.brigadaparaleerenlibertad
.com
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Carlos Paul
La jornada, Domingo 10 de Diciembre

domingo, 26 de noviembre de 2017

Migra Khadra de geografía




Yasmina Khadra sorprendió a los lectores en lengua francófona cuando se reveló que tras sus letras no asomaba una perspectiva femenina sobre el mundo árabe.

Así se asumió desde 1988 hasta el año 2001, cuando la "escritora" reveló que no era una mujer, sino el ex oficial del Ejército argelino Mohammed Moulessehoul.

El autor había recurrido al seudónimo para evitar la censura de su país. Se trataba de un militar en activo abordando temas siempre cercanos a los conflictos de la región.


El escándalo en el Magreb y en Francia, donde radica, fue mayúsculo, pero no renunció al nombre de Khadra.

"He sido traducido en 50 países, he tocado a millones de lectores alrededor del mundo. ¿Cómo renunciar a ese seudónimo con el que se me conoce y que, además, son los dos nombres de mi esposa?", responde a REFORMA el autor de 62 años.

El argelino, que fue huésped hace 17 años de la Casa Refugio Citlaltépetl, está de vuelta en México para presentar el 29 y el 30 de noviembre, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, sus novelas más recientes.

Su bibliografía incluye la Trilogía de Argel: MorituriDoble blanco y El otoño de las quimeras, además de El atentado, donde asoma el conflicto palestino-israelí; Las sirenas de Bagdad, sobre la guerra de Irak; La ecuación africana, inspirado por las crisis de su continente, o Las golondrinas de Kabul, sobre la tragedia afgana.

La figura de la milicia o de un militar de alto rango suele estar siempre presente en su narrativa. Al final de cuentas, su carrera militar duró 36 años, renunciando a ella en el 2000, un año antes de revelar su verdadera identidad literaria.

A Guadalajara lleva La última noche del Rais, sobre los últimos días en la vida de Muamar el Gadafi, y una novela con la cual se separa de todo su ámbito, Dios no vive en La Habana, la historia de un hombre mayor, Don Fuego, que vive un idilio con una jovencita, Mayensi. Ámbos títulos publicados en Alianza.

"Me interesa el mundo entero. Siempre he querido comprender mi época y hablar de los malentendidos que afectan el vínculo que debiera acercar a los pueblos. Gracias a mi doble cultura, oriental y occidental, intento aclararlos.

"Dios no vive en La Habana parte de mi deseo de hablar del mundo y de soñarlo", señala  Khadra.

Don Fuego es un músico, con décadas de presentarse en un club habanero. A sus más de 60 años, le comunican que ya no hay trabajo para él. El club ha cambiado a manos privadas. Mayensi es una joven, bella pero atormentada, que lo embelesa, con consecuencias fatales.

Nunca pensó en escribir sobre La Habana, confiesa, pero, tras una visita, todo cambió.

"Quedé cautivado por el pueblo cubano. Quise rendirles un homenaje por su valentía y su inmenso talento. Yo venía de Europa, en donde las personas son libres para viajar, para hablar, para ambicionar, aunque todo el mundo se queja y reclama más derechos.

"En Cuba, vi gente privada de todo, pero aún así, son un pueblo mágico, que no tira la toalla, que crean su sueño a partir de nada. Los cubanos han comprendido que aunque todos los horizontes estén prohibidos, hay que inventarlos por sí mismos".

Khadra se sorprende que, a pesar de las necesidades y la represión que viven, sigan amando la vida.

"Don Fuego representa el deber de reinventar el júbilo, que parece imposible. Mayensi encarna la necesidad de reconstruirse", resume.

De este nuevo mundo en el que se adentra hablará en la FIL, antes de migrar de manera literaria a una nueva geografía, México, pues revela que está por terminar una novela que transcurre en Chihuahua, a publicarse en 2019.





jueves, 2 de noviembre de 2017

‘Romper el silencio’, una confesión de 22 periodistas mexicanos ante las agresiones

Un libro ideado tras la muerte de Javier Valdez reúne el relato de periodistas de diversos Estados del país para contar sus historias



La mañana del 7 de octubre de 2007 tres repartidores de periódicos que trabajaban para el diario El Imparcial del Istmo fueron acribillados. Martha Izquierdo, quien trabajaba en el Estado de Oaxaca como corresponsal del diario nacional Reforma, llegó a cubrir la nota hasta la autopista donde habían encontrado los cuerpos dentro de un coche. En el lugar, custodiado por militares y policías, la periodista recibió una llamada que desató su angustia. "Pinche periodista, la que sigues eres tú, deja de publicar chingaderas o te va a cargar la verga", le advirtió un hombre con acento norteño. La mujer se subió a su auto y se regresó a Ciudad Ixtepec, donde vivía, en un trayecto de 45 minutos que le parecieron eternos.


Al llegar a su casa tomó una maleta con unas cuantas pertenencias y salió del Estado con el apoyo del medio donde trabajaba. "Nunca había sentido tanto miedo, no dejaba de pensar que al llegar a la Ciudad de México me dijeran que habían matado a mi esposo, a mis hermanos, o que alguien me estuviera esperando para querer hacerme algo", cuenta Martha Izquierdo en entrevista con este medio. El relato de la periodista, titulado Entre el miedo y la pasión, está recopilado en el libro Romper el Silencio, una publicación que reúne las historias de 22 periodistas de diversos Estados de México que cuentan las amenazas y el hostigamiento que viven a diario.


Martha, una periodista de 45 años, fue una de las primeras reporteras en documentar los secuestros de migrantes por parte del crimen organizado en su trayecto hacia Estados Unidos abordo del tren conocido como La Bestia. También fue una de las que mayor cobertura les dio a las ejecuciones y los enfrentamientos entre policías y delincuentes que se agudizaron con la llegada del cártel Los Zetas a Juchitán, y contó la colusión de estos criminales con las autoridades. "Meses después de aquella llamada regreso a mi Estado por decisión mía, pero casi no salía de mi casa, no dejaba de ver los retrovisores en el auto y las amenazas siguieron, fue horrible”, dice. A partir de entonces tomó la decisión de dejar de cubrir tantos temas de violencia y crimen organizado.
Desde el 2007 que comenzó a recibir las primeras amenazas, éstas no han cesado. Actualmente está en el mecanismo de protección a periodistas del Gobierno federal porque el año pasado un alcalde la amenazó. Martha había dado a conocer que el munícipe desvío recursos públicos del Ayuntamiento a su bolsillo. “Dos hombres me dejaron un recado con el velador de la radio (donde trabaja) para que dejara de estar chingando. Por eso estoy bajo el mecanismo”, explica.
El libro fue publicado por la Brigada para leer en libertad, una asociación dedicada a fomentar la lectura, y está editado por Alejandro Almazán, Daniela Rea y Emiliano Ruiz Parra, periodistas radicados en la Ciudad de México. La idea la tenían desde principios de año, pero cobró más fuerza tras el asesinato del periodista Javier Valdez ocurrido en Sinaloa en mayo de este año. "Convocamos a colegas de los Estados con dos preguntas muy simples: ¿Qué significa hacer periodismo en una zona violenta? y ¿Qué a perdido la sociedad cuando se ha agredido a periodistas?", cuenta Emiliano Ruiz Parra.

El resultado es un libro de crónicas donde los reporteros escriben desde el género de la confesión y adquieren un protagonismo que no habían tenido. "Solicitamos los textos en un momento donde muchos de ellos ya habían procesado (toda la violencia que vivieron) y podían contar esas historias". En algunos casos escriben con un sentimiento de culpa al no poder publicar ciertos temas ante el miedo por las amenazas o el hostigamiento. "Este libro quería escuchar las historias de los reporteros de los estados, que los teníamos o los tenemos un poco olvidados y se hizo con una carga emocional muy fuerte, con el riesgo que implicaba hacerlo todo tan rápido", expone Ruiz Parra.
Otro de los testimonios que contiene la publicación es el de la periodista Patricia Mayorga, que tuvo que salir de Chihuahua días después de que mataran a su colega Miroslava Breach en marzo de este año. “Me sirvió escribirlo (el relato) porque es darle forma a esto que estoy viviendo”, dice en entrevista con este diario. Ella y Miroslava compartían coberturas y temáticas. Ambas documentaron la narcopolítica en el Estado y el desplazamiento de los tarahumaras en la sierra, por eso Patricia tuvo que salir de su tierra días después del homicidio de su amiga y actualmente se encuentra exiliada. “Encontrarme con otros periodistas en sus textos me hizo sentir menos sola porque aunque hay mucha gente cerca y muchas organizaciones, el desplazamiento es un proceso muy solitario”, manifiesta.
El libro se presentó el pasado 21 de octubre en la Feria del Libro del Zócalo, en la Ciudad de México, donde varios de los reporteros que colaboraron expusieron la forma de hacer periodismo en sus Estados, donde no sólo enfrentan amenazas, sino pésimas condiciones laborales. Durante el evento, Gerardo Romo Arias, de Zacatecas, pidió solidaridad con el gremio. "Yo a lo que aspiro es que seamos hoy más solidarios en la vida que en la muerte y este testimonio, este documento, es ese grito. Es hoy cuando tenemos que ser solidarios, y no cuando tengamos que estar en las tumbas", expresó.
  El Pais internacional - México 

martes, 24 de octubre de 2017

Carmen Aristegui levanta la voz con la #BrigadaFILZócalo17


La periodista mexicana Carmen Aristegui, visitó el día de ayer, la XVII Feria Internacional del Libro del Zócalo 2017 (FIL Zócalo 2017), de la Ciudad de México, para debatir y compartir su opinión en el Foro Javier Valdez Cárdenas.

En la tarde del día de ayer domingo 22, Aristegui, reunió también a los periodistas Jenaro Villamil y Fabrizio Mejía, y destacó de entre otros temas, que las elecciones del 2018 serán el “tsunami de elecciones”, por lo que es indispensable revisar el estado actual de la sociedad mexicana, que tiene el gran reto de participar de manera activa, crítica y exigente.

Foro Javier Valdez Cárdenas

El Foro Javier Valdez Cárdenas, se realizó en honor al periodista del El Debate, asesinado el pasado mes de mayo, y tal y como insistió Carmen Aritegui, a la memoria de tantos periodistas asesinados en México en los últimos años.


Carmen Aristegui: ¡Ni uno más!

Un espacio para retomar el tema de los asesinatos a periodistas en México y los atentados a la libertad de expresión, a la memoria de aquellos que han sido abatidos por informar y en ese camino, haberse encontrado con la muerte, un  tema que motivó en la audiencia el grito de “No al silencio” y el llamado a “Ni uno más”.

Por su parte el periodista Fabrizio Mejía, insistió en que el reto será evitar que se vuelvan a dar amenazas, compra de votos, sobornos y extorsión de la autoridad a los ciudadanos, como han pasado en otras elecciones.

El Foro Javier Valdez Cárdenas, en la XVII Feria Internacional del Libro del Zócalo 2017, ha sido un espacio para el análisis profundo, y para denunciar otros asuntos de carácter político y social que normalmente no vemos y apreciamos en los medios de comunicación.


miércoles, 18 de octubre de 2017



No es fácil explicar a la población por qué es relevante el asesinato de periodistas. Inclusive, en el mismo gremio, hay voces que parecen no entenderlo. En un país donde decenas de miles mueren al año la cuestión –genuina en su ignorancia, o perversa y alentada desde la oscuridad–, es pertinente ¿por qué los periodistas merecen un trato de excepción?

La explicación es simple: porque al matar a un periodista hay alguien que intenta impedir que la sociedad sepa algo que debe saber. En términos más abstractos, se cancela un principio fundamental y, como principio es inicio, comienzo, lo que se cancela es uno de los fundamentos sobre los que se empieza y prevalece una sociedad moderna, pervirtiendo la aspiración democrática que le es propia. La explicación, mi explicación, quizás no dice suficiente.

Pero hay quienes sí pueden expresar mejor lo que ocurre detrás de ese silenciamiento brutal: la Birgada Cultural “Para leer en libertad” y la Red de Periodistas de a Pie, acaban de publicar el libro “Romper el silencio. 22 gritos contra la censura”, editado por los periodistas Alejandro Almazán, Daniela Rea y Emiliano Ruiz Parra.

Se trata de 22 trabajos sobre la forma en que el mismo número de periodistas de todo el país explican lo que ocurre en sus redacciones, coberturas y cotidianidad: la censura, las presiones y amenazas que impactan su trabajo y, por lo tanto, la libertad de expresión.

Ahí están contenidas las historias de muerte y desaparición de colegas; de amenaza del crimen y de la clase política, muchas veces amalgamadas; de la censura y la autocensura; de la exclusión lo mismo de los grupos de poder que de las organizaciones sociales. La experiencia de vivir con miedo, con luto. La normalidad laboral de malos salarios, de periodistas viejos y enfermos que arrastran su pobreza, sobreponiéndose apenas al servicio de poderes formales o criminales, o que pasan sus días en la desesperanza.

Hay historias de las pesquisas judiciales para presionar líneas editoriales; de las conciliaciones extrajudiciales para evitar el desgaste; de los conciliábulos y las censuras por los contratos de publicidad que directivos y patrones anteponen  al deber de informar.

Son los testimonios de lo que ocurre en la mayor parte del país, inclusive en la Ciudad de México, si bien con cierto disimulo, pero que rompiendo el centralismo al que no escapan los periodistas ni las luchas, viene de la periferia hacia el centro, como lo exponen los editores.

Una cuestión central, de la introducción: ¿por qué estas mujeres y hombres siguieron yendo con sus libretas y sus cámaras a cubrir noticias?

La respuesta es contundente: porque son luchadores por la libertad.

No quiero ni voy a reseñar este libro –pleno de identificación, de reconocimiento en el otro que padece en un lugar del sur lo mismo que el del norte, cambio de nombres y fisonomías, mismos síntomas y consecuencias.

Lo que importa es lo que ahí se cuenta y que, para fortuna nuestra, está disponible para descarga en el siguiente vínculo: http://brigadaparaleerenlibertad.com/librosgratis/

Arturo Rodríguez García

Saiz, Taibo y la Brigada por la libertad


La cita fue en Paseo de la Reforma. Era junio de 2011 y unas semanas antes había conocido a Marina y Jose. El camellón lateral sur estaba convertido en un auténtico tianguis multicolor, como todos los tianguis pero este, era una aparición extraña, inverosímil: Las mesas revestidas de temporalidad funcional, mostraban libros; había cajas acomodadas, como en mercado sobre ruedas, pero en lugar de frutas y verduras, contenían más libros y un cartel: $5.00 pesos o 15 o 20… Al alcance de cualquier bolsillo un inagotable acervo de clásicos y las más diversas temáticas. De los toldos colgaban tendederos como suelen colgar los de dvds pirata, pero en lugar de estos había poemas gratuitos, impresos en hojas de colores, palabras en verso para la eternidad.

La música que salía de los altavoces no era de perreos reguetoneros, sino un ska pegajoso, posiblemente de la legendaria y contestataria banda Salario Mínimo. Jose es un melómano sin petulancia, tolerante a las concepciones estéticas de los demás, e involuntariamente, llegamos a su pasión, el rock progresivo. A la distancia vi a Marina junto a su madre, Paloma, anfitrionas del colega Alejandro Sánchez, que llegaba a presentar su libro.

El tianguis llevaba año y medio de pasar de un lugar a otro, casi siempre en espacios comunitarios, desde que se instaló en Cuautepec Barrio Bajo en la delegación Gustavo A Madero a principios de 2010. Era un baldío tan peligroso que nadie se atrevía a pasar hasta que llegó la Brigada Cultural para Leer en Libertad, y el escritor Paco Ignacio Taibo II embelezó a los vecinos con sus relatos. La descripción de Marina es vivaz, heredera de las hipnóticas narraciones de Paco. Semanas después, los vecinos se organizaron, gestionaron un gimnasio y un comedor comunitario al que pronto se añadió una biblioteca donada por la brigada. Cuando se enteraron, los de Cuautepec Barrio Alto, y otras comunidades de la ciudad, empezaron a pedir donación de libros.

Aquella vez fue mi primer acercamiento a la Brigada.

Yo sabía, por algunas notas periodísticas, que Paloma Saiz, había dejado el gobierno capitalino, por diferencias con Elena Cepeda –hoy primera dama de Morelos que aspira a duplicar período con la postulación de su hijo para suceder a su marido–, que en ese tiempo era secretaria de Cultura. Diferencias, concepciones de la cultura, inconciliables.
Desde hace años los gestores culturales de muchos gobiernos se han vuelto más facciosos, son círculos de amigos para beneficiar amigos y, no conformes, han convertido los programas en una vil agencia de contratación de espectáculos con cargo al erario. Bajo la divisa “todo es cultura” –en realidad una fórmula de dar recursos a la televisión que corresponde con la promoción personal de los gobernantes–, la onda grupera y las estrellas del canal de las estrellas se chupan los de por sí escasos presupuestos destinados al fomento cultural.

En contraste a esa tendencia, Paloma Saiz había implementado en dos años una serie de programas excepcionales: “Para leer de boleto en el Metro”, que regalaba tomos para el trayecto; “Sana leyendo”, que repartía libros en hospitales; “Letras en guardia”, que daba libros a policías y, “Libros en llamas”, que hacía lo mismo con bomberos. A Cepeda no le gustaban esos programas y todo se complicó cuando intentó modificar fechas de la Feria Internacional del Libro del Zócalo 2009 (FIL Zócalo), pero ya estaba todo programado y hacerle caso implicaba un enorme esfuerzo presupuestal, así como la cancelación de autores nacionales y extranjeros.

Paloma se fue y decidió articular desde la sociedad civil la socialización de la cultura que el gobierno de supuesta izquierda rechazaba. Dos meses después de dejar el cargo como directora de la FIL Zócalo, realizó el primer tianguis librero y, hasta aquel encuentro de junio de 2011, ya llevaba cerca de 50 tianguis en barrios y comunidades pobres.
Lo hizo con pura voluntad, articulando sus amplias relaciones en el mundo editorial que cedía excedentes o remanentes a precios bajos. También con el mundo de las letras, el arte y el periodismo que cedían sus derechos sobre obras, juntó algunos patrocinadores solidarios y, comenzó a regalar ejemplares en los tianguis y, luego, en el Metro. Su segundo tiro para el trayecto: 250 mil ejemplares, en la Línea 2, en enero de 2015, como parte de una segunda tanda que proponía fomentar que se regresaran los libros para reuso, algo que increíblemente atendieron los usuarios en un 70 por ciento de devoluciones.
En el tiempo que quedaba al gobierno de Marcelo Ebrard, la brigada pudo instalarse, no sin obstáculos y permisos retrasados que amenazaban con suspender, por ejemplo, el tianguis de la Alameda, ese lugar de paseo popular. Patentaban las trabas el encono de Cepeda, explicable sólo en el carácter faccioso de una gestión cultural con talante autoritario.



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El primer año del regreso del PRI a la Presidencia, fue también el del regreso de la represión. La Ciudad de México, con la sociedad más politizada y participativa del país, empezó a resentir los gases, toletes y escudos policiales, rebajada la imagen institucional cuando añadieron a su equipo palos, tubos, piedras y cadenas. Los policías como pandilleros.

El jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera se alineó fácil y rápido, a la necesidad presidencial de disuadir todo brote de protesta social, algo que ha marcado su administración y constituye una grotesca regresión en las libertades fundamentales conquistadas a sangre y llanto por los capitalinos.
En septiembre de 2013, para que Enrique Peña Nieto pudiera encabezar la primera ceremonia del Grito de Independencia, un enorme campamento de maestros inconformes con la Reforma Educativa, fue desalojado con furia. Aunque los profesores estaban retirándose pacíficamente del Zócalo, gobiernos federal y de la ciudad, no tuvieron miramientos para el atropello.

En el Centro Histórico capitalino, los dos gobiernos, el de Mancera y el de Peña Nieto, ordenaron un cerco policiaco que –con un poco más de discreción y merced a los numerosos espectáculos intrascendentes que se montan–, ahí sigue. Muy pocas son las protestas que pueden llegar al Zócalo, repleto desde varias cuadras de antimotines y agentes de civil, que lo mismo golpean una marcha de invidentes –sí, de invidentes—que borran pintas de cal frente a Palacio Nacional, cuando se exige justicia por los asesinatos de periodistas, un reclamo que dirigido a Peña Nieto, el mancerismo repudia.
En el mes que siguió al primer Grito de Peña Nieto –llena la plancha del Zócalo de acarreados mexiquenses, puro clientelismo—el cerco policiaco se mantuvo hasta el anuncio de aplazar la feria del libro de octubre. No querían retirar el cerco policiaco y Mancera alegaba que la feria se realizaría hasta que hubiera “condiciones”. En respuesta, Paco Ignacio y Fabrizio Mejía Madrid convocaron a escritores y lectores, a tender un cerco de libros.

Quizás sea por su profundo conocimiento de la historia que Paco hace épica cada una de sus batallas. Aquello fue conmovedor, ingenioso, en verdad antepuso la pluma a la espada, los libros a los escudos y macanas. Ganó la pluma, pero sobretodo ganaron los lectores pues antes de que el cerco de libros se realizara, Mancera retiró el despliegue policiaco. Aun así, el cerco librero se realizó y durante varias horas escritores y lectores repartieron gratis los libros de la Brigada, textos de Fabrizio, y poemas de Taibo.
“Logramos que el Zócalo se abra para los libros. Es una reconquista cultural”, celebró Fabrizio en sus redes sociales.

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Paloma y Paco Ignacio construyeron un espacio de libertad. Fui beneficiario de ello. En 2015, las ferias de libro de diferentes ciudades del país no quisieron programar la presentación de “El regreso autoritario del PRI”, mi libro –en una ocasión inclusive me cancelaron el mismo día “por el tema”. Muchos medios de comunicación se negaron a conceder un espacio. Salió una semana antes del despido de Carmen Aristegui de MVS, y nadie quería hacer enojar al gobierno. Se enteraron Marina y Jose, me llamaron y programaron una presentación que ella misma condujo denunciando la censura. No he sido el único favorecido.

El problema con los libros de periodistas, libros-reportaje, la no-ficción, es de difusión. Un buen trabajo periodístico, publicado en un medio de comunicación, puede llegar a millones de personas, hoy más que nunca, con un click. Un libro se coloca en estanterías, se presentan fragmentos o entrevistas en alguna sección de ciertos medios –conforme a los más variados intereses y caprichos personales o editoriales de quien toma decisiones–, y se programan algunas presentaciones –no demasiadas—en ferias libreras a las que asiste casi el mismo público: 20 o 30 o 50 interesados heroicos que van de una presentación a otra, toman la palabra y compran un tomo… pero en ocasiones ni ellos.

Claro que hay casos excepcionales de ventas por 100 mil ejemplares, 200 mil cuando más. Son best seller en un parámetro que promedia unos 7 mil ejemplares de venta en libros periodísticos; buena venta, 15 mil ejemplares. Un editor –medio en broma, medio en serio—me dijo que los libros motivacionales, de conspiraciones o fantasías eróticas que sacan a las amas de casa del tedio –publicaciones de precariedad testimonial y pobreza narrativa que se venden por millones–, son los que permiten la aparición de numerosos títulos periodísticos que no son negocio.

Las oficinas de comunicación social y relaciones públicas gubernamentales, siempre atentas a evitar el escándalo de sus jefes, por los libros ni se preocupan. La censura en realidad es mala política comunicacional, si se piensa que es más devastador un hashtag y 140 caracteres denunciando al censor, que la tinta derramada en 300 páginas.
Uno puede plantearse sobre el periodista ¿por qué escribe un libro? Por ganar dinero? Por cobrar prestigio o fama? por hacerse un nombre entre pares que muy seguramente  no lo leerán?

En realidad, un periodista escribe un libro porque considera que tiene algo que contar, algo que debe darse a conocer a mayor detalle y que supera los cuando mucho 10 mil caracteres promedio del reportaje largo en un medio. Es la misma motivación que lo lleva a publicar una noticia, reportaje o crónica: descubrir algo que está oculto, despejar lo que está en tinieblas; informar aquello que se desconoce; aportar los elementos que permitan al lector comprender determinado asunto que es de interés público.

El esfuerzo es enorme. Hay que alternar el trabajo cotidiano: la cobertura de lo que el jefe de la respectiva redacción cree noticiable; horas de trayecto para reportar lo que se diga en un discurso al que hay que poner atención, por tedioso e irrelevante que sea; entrevista improvisada de banqueta sobre los temas más variados –ponte al día para no errar sobre el programa nuclear, la inversión hidráulica, la política exterior, el hecho de sangre, el negocio energético o el más reciente escándalo de la farándula nunca como ahora tan implicada en la vida política–; presión para ser el primero en “subir” la nota; segunda versión más detallada; el imprevisto incidente que altera la agenda; cuida la redacción, el orden y sobretodo el enfoque.

O bien, sacrificar ingreso por libertad: hazte freelance. Eso implica armar los trabajos necesarios para ver si los puedes colocar por un retribución modesta; sumar reservas para los días de sequía; programar un presupuesto austero; ubicar las fechas de certámenes a los que pueda presentarse algún trabajo, agendar un tema y cuidarlo para ser premiado y poder ingresar un dinerillo extra; invertir en equipo cuando se pueda (porque a veces una memoria SD vale lo mismo que pagan por un texto y que, de todas maneras, en la redacción si estuviera en nómina no proveerán… vaya, que ni grabadoras entregan y cuestan lo que muchos periodistas ganan al mes).

En una u otra modalidad laboral, hay que apartar espacio para escribir el libro que leerán muy pocos. A la presentación estelar llegará la gente que te quiere, tus amigos y familia, tus fuentes –a veces agradecidas y otras encabronadas por el tratamiento–, algún amigo oficiará de presentador y habrá un espacio de firmas y dedicatorias en las que se adoptará el tono del que le habla a la posteridad. Venderás 7 mil ejemplares o menos, con mucho esfuerzo –y si te lo distribuye Sanborns, que no siempre quiere– y a veces quedarás debiendo parte del anticipo que te dio la editorial a la firma del contrato.

Así que la idea del libro no es hacer rico al periodista sino contar, socializar una situación que el aparato editorial no ayuda mucho a socializar. Y de repente, está la Brigada Cultural “Para Leer en Libertad” que te lleva a barrios y comunidades a las que nunca llegaría uno de tus libros. Y ahí estás, hablando con gente de los oficios, obreros y oficinistas, mujeres y hombres de la baja burocracia, empleados del comercio formal o comerciantes ambulantes, amas de casa, jóvenes con interés en saber… estás ahí, gracias a la Brigada, en el mundo real.

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Un asiduo a los tianguis, ferias y remates de la Brigada Cultural fue Javier Valdez Cárdenas, el periodista sinaloense asesinado a tiros el pasado 15 de mayo. Un crimen que, como todos los crímenes de periodistas, sigue impune.

La situación es frustrante. En lo que va de este año van 11 asesinatos de colegas y, cuando mataron a Javier Valdez hubo un breve, efímero, momento de solidaridad de cierto sector oenegero, de los intelectuales que al menos se expresaron en su cuenta de Twitter o en algún artículo. Para entonces, ya se contaba el asesinato en marzo de Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada en Chihuahua, como Javier lo era en Sinaloa. Ambos, gozaban de prestigio profesional, eran conocidos en la Ciudad de México lo que suponía les confería mayor visibilidad y, por lo tanto, seguridad. Cuando varios colegas convocaron a empapelar la fiscalía especializada en el asunto, sólo vi, discreta, solidaria, sin procurar reflectores, a Elena Poniatowska. Ningún escritor más.

Hubo un acto presidencial. Peña Nieto juntó a los gobernadores y, básicamente, les dijo que los asesinatos de periodistas eran de su competencia y los llamó a hacerse responsables. Anunció cambios en los programas que para entonces ni presupuesto tenían. Dos o tres foto-reporteros fueron los únicos que expresaron su inconformidad, sólo para ser intimidados al salir de Los Pinos, por el Estado Mayor Presidencial.

Luego, cambió la agenda, los intelectuales pasaron a otras cosas, la llama de esperanza que se había encendido en el gremio pronto fue braza exigua.

De mayo a la fecha, los tianguis de la Brigada Cultural han insistido en programar conversaciones, mesas redondas, diálogos y los libros del periodista sinaloense, que en megáfono virtual, difunden en directo por sus redes sociales. En estos días, la carpa más concurrida de la FIL del Zócalo, lleva por nombre “Javier Valdez Cárdenas” y es de la Brigada Cultural “Para Leer en Libertad”.


Los colegas –amigos de Javier y periodistas muy reconocidos—Alejandro Almazán, Daniela Rea y Emiliano Ruiz Parra, con la Red de Periodistas de a Pie, presentaron un proyecto a la Brigada Cultural. Así nació el libro “Romper el silencio. 22 gritos contra la censura”, que recoge el testimonio de colegas de todo el país sobre la forma en que lidian con la amenaza persistente, el horror de ver caer compañeros, las presiones de los poderes formales o criminales sobre sus redacciones, y en fin, con el largo listado de agresiones contra periodistas, que son contra la libertad de expresión. Como siempre hace la Brigada, el libro en su edición impresa es de distribución gratuita y en digital de descarga libre junto con 161 libros más para quien lo desee.

Paloma, Paco, Marina, Jose y su equipo, han aportado una vez más a la construcción de la libertad que tanta falta nos hace. Como pocos han dedicado estos años a socializar la lectura, pero también las problemáticas por las que atraviesan nuestras libertades, proporcionando al gremio un espacio de denuncia y al público, la posibilidad de comprender, con “Romper el silencio”, la terrible amenaza que el callar representa no sólo para los periodistas, también y principalmente para la sociedad. Por eso, quise escribir este texto sobre ellos.

Sobre “Romper el silencio” y para ir a los libros gratuitos de la Brigada, da click aquí

Arturo Rodríguez García


PATRIA de Taibo II según AMLO


Palabras de Andrés Manuel López Obrador en la presentación del libro “Patria” de Pacto Ignacio Taibo II
Amigas y amigos:
Es un timbre de orgullo estar aquí, participar como presentador del libro “Patria” de Paco Ignacio Taibo II. El autor de esta obra es un escritor extraordinario, tiene el talento para contar historias con rigor profesional y de manera sencilla, eso es un gran mérito, se trata de un intelectual esplendido y raro, porque en vez de dirigirse a las élites, se empeña en escribir única y exclusivamente para el pueblo raso.
No hay nada rebuscado, no escribe físico, suele decirse, cuando se escribe bájale, cuando es exactamente lo contrario, hay que subirle, hay que escribir para la gente, hay que escribir para el pueblo.
Asimismo, celebro que siendo Paco un escritor de izquierda, sin duda, incursione cada vez más en temas de historia patria.
Por ejemplo, su libro sobre el asesinato de Madero titulado: “Temporada de Zopilotes”, es un homenaje y una reivindicación al Apóstol de la Democracia en México, luego de años de olvido y ninguneo por parte del pensamiento radical, dedicado a la investigación y a la academia.
Ahora, con la publicación de “Patria”, Paco reafirma su vocación y su compromiso con la historia nacional que es el análisis y la reflexión sobre la Revolución de Ayutla, la Guerra de Reforma, la Intervención Francesa y la Caída del Imperio.
Los tres tomos son imprescindible, de obligada lectura, el contenido es aleccionador y de verdad se disfruta. Paco cuenta de manera magistralmente lo acontecido en este aciago y formativo periodo, intercalando retratos de los protagonistas, liberales y conservadores, con sus ideas políticas y las batallas militares.
En esta investigación queda de manifiesto el predominio que, en ese entonces, tenía el clero sobre las conciencias y la vida pública del país.

Téngase en cuenta que, como lo describe el autor, la mayoría de los liberales que llevaron a cabo, y esa es la bella paradoja, los que llevaron a cabo la Reforma y defendieron la república contra el imperio habían tenido casi todos ellos formación religiosa y, como es obvio, de influencia católica.
Guillermo Prieto había sido secretario de un sacerdote, era guadalupano y creía en dios. Santos Degollado trabajó de escribiente en la catedral de Morelia; Manuel Ruiz, ministro de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública en el primer gabinete del presidente de Benito Juárez, estuvo a punto de graduarse como sacerdote; Melchor Ocampo, entre otros liberales, estudió en el seminario.
A esta misma formación religiosa, pertenecían los más destacados dirigentes conservadores. “Los mochos” llamados así por secundar a Antonio López de Santa Anna, a quien le faltaba una pierna y todos ellos, la mayoría, eran por tradición familiar católicos.
Miguel Miramón ingresó al Colegio Militar, pero su padre quería que fuera sacerdote. Félix María Zuloaga pasó de seminarista a militar. Leonardo Márquez es considerado un terrible guerrero, un fanático que se bendecía y lloraba a lágrima viva, al mismo tiempo que cometía los crímenes más despiadados.
Juan Nepomuseno Almonte, conservador y pro monárquico, era hijo, ni más ni menos que el gran Morelos, a quien acompañaba de niño cuando el cura dirigía la guerra de Independencia.
Pero lo más destacado, entre otras importantes aportaciones en la obra de Paco Ignacio es que los liberales, puros o radicales, eran anticlericales, pero no antirreligiosos.
Francisco Zarco defendía esa postura, dejando de manifiesto lo siguiente, transcribo lo que cita a la vez Paco, decía Zarco: “el partido que quisiera destruir o desarraigar el catolicismo sería demente o insensato, porque intentaría lo imposible, lo peligroso, lo criminal. Nosotros […] en las sublimes verdades del cristianismo, encontramos condenado el despotismo y la opresión”, cierro la cita.
Inclusive, Paco, el gran narrador de esta historia sostiene que “desde su ateísmo… no puede menos que deshacer el falso mito de que la vanguardia liberal que era atea”.
Ahora bien, este proceso de transformación que inicia con el Plan de Ayutla y concluye con la Caída del Imperio y la Restauración de la República en 1867, es uno de los episodios de mayor confrontación política en nuestro país. Nunca se habían librado tantas batallas en el terreno ideológico y militar como en esos trece años de nuestra historia. La guerra era lo predominante.
Paco cuenta a detalle cada una de las acciones bélicas e incluye, desde luego, sus conocimientos y también deja ver su fascinación por el manejo de la estrategia militar.
A pesar de que no hay ningún escritor menos que conozca, que sea tan minucioso en sus observaciones en esta materia de la estrategia en la guerra, insiste en subrayar, lo cito que “no es fácil narrar una batalla en la que participan más de 20 mil hombres. El conjunto, el movimiento de las grandes columnas, las órdenes de los generales, no dejan ver al infante metido en una zanja y muerto de miedo. Los clarines y los cañonazos tapan los gritos de los heridos. La ausencia de testimonios de los de abajo no puede ser suplida con nada” y de manera por demás exigente Paco dice: “Quede, pues, en esqueleto de esta historia”.
El libro “Patria”, sin embargo, es  mi opinión, está muy bien concebido y extraordinariamente narrado. La prosa es impecable y su contenido está lleno de sabiduría y algo que es fundamental, está lleno de sentimientos.
Por ejemplo, cuando trata lo de la aprehensión y el fusilamiento de Melchor Ocampo se enchina la piel. Recoge los diálogos básicos, citó: “El cura del pueblo, de apellido Morales, intentó confesar a Ocampo y recibió una amable respuesta: ‘No se moleste usted, yo estoy bien con Dios y él está bien conmigo’… Le pidieron que se arrodillara y respondió: ¿Para qué?, estoy bien a nivel de las balas…”.
Sólo hizo una solicitud: ‘Que me peguen aquí’, señalándose el pecho”. Así caía quien había pronunciado frases memorables como aquella de “ser liberal cuesta mucho trabajo, ya que se precisa el ánimo de ser hombre en todo”. O eso en lo que decía: “me quiebro pero no me doblo”, o una que aplica para estos tiempos, “los moderados no son más que conservadores más despiertos”.
Pero el fondo del asunto, aunque lo trata Paco, requiere de mayor énfasis y se puede resumir en la pregunta: ¿cómo fue que con tanto poder del clero, en todos los órdenes de la vida pública, los liberales lograron triunfar y llevar a cabo una profunda reforma que ha sido nuestro distintivo a nivel mundial?, el principal aporte.
Era tan difícil enfrentar al clero y expropiarle sus bienes que algunos han llegado a pensar que todo fue obra de la providencia, de la suerte o de una chiripa histórica. Pero no se trató de una estrategia política genial.
En Veracruz, el 12 de julio de 1859, el presidente Juárez proclama la nacionalización de los bienes del clero y se ponen al mercado sus grandes extensiones de terrenos, lo cual despierta el apetito de hacendados y comerciantes que empiezan, por un interés, a tomar partido a favor de la causa liberal.
Es cierto que esta medida no produjo tantos ingresos como se esperaba, pero fue decisiva para que los particulares, potenciales compradores de las tierras del clero, no se adhirieran y apoyaran con peones y dinero a las fuerzas conservadoras.
También considero indispensable profundizar más sobre el liberalismo y el conservadurismo, corrientes ideológicas fundamentales, en la historia de nuestro país y la historia del mundo.
Destacan en la historia de las ideas políticas: el comunismo, el fascismo, el socialismo, el capitalismo, pero subyacen como troncos básicos el liberalismo y el conservadurismo.
Téngase en cuenta que cuando triunfa la causa de la república y se derrota a la reacción y al intervencionismo, inclusive con la ejecución de Maximiliano, de Miramón y Mejía en Querétaro, se llegó a pensar que el conservadurismo no volvería a renacer y, sin embargo, este pensamiento resurge, poco después, en el Porfiriato y se mantiene con vigor y fuerza hasta nuestros días.

Hace poco, en una visita a San Quintín, Baja California, un migrante, un jornalero, poblano mayor de edad, haciendo referencia al neoconservadurismo de actualidad me proponía lo siguiente, me insistía, me decía que así como Juárez separó el poder de la Iglesia del poder del Estado, ahora era indispensable licenciado separar el poder económico del poder político, en fin.
En fin, hay que leer “Patria” de Paco Ignacio, los tres tomos publicados y los que vienen. No se puede transformar al México actual sin conocer la historia. Y mucho menos se puede transformar al México actual sin hacer historia, la política es hacer historia. Muchas gracias Paco por estas obras.PATRIA